Skip to content Skip to footer

 

 

El otro día mi amiga Nuria me dijo:

— me gustaría decirte algo y espero que no lo malinterpretes: tengo la sensación de que ha vuelto la Marta que yo conocía.

Yo me eché a reír, con una sonrisa de ilusión y satisfacción.

—No, claro que no lo malinterpreto. Lo acepto y lo siento igual.

 

Nuria me conoce desde que teníamos 13 años. Es una de las personas que recuerdo desde siempre en mi vida.

Ha pasado por todas mis etapas. Conoce mis luces, mis sombras, mi pasado, mis ilusiones, mis miedos, mis deseos y casi todas las partes de mí. Ha pasado por muchos momentos conmigo y ha transitado otros tantos a mi lado.

Por eso, cuando ella me dice que vuelve a verme, genera en mí una sensación indescriptible de reconocimiento propio y hacia mi proceso. 

Porque lo que dice es totalmente cierto: me perdí.

 

El inicio de aquella pérdida, me lo hizo evidente Iván, el padre de mi niña, cuando un día, paseando a nuestra peque, me dijo muy apenado: 

– ya no eres la misma. 

Y también tenía razón. 

 

La maternidad es lo más bonito que he hecho en mi vida y también lo más duro.

Ha sido un proceso para mí transformador a nivel físico, emocional y estructural. Una metamorfosis, en la que algo de mí murió. No sé en qué momento, ni cuándo, ni cómo, pero hoy sé que algo murió. Y de ahí resurgió otra persona, otra yo.

Los japoneses llaman a este proceso “henko”. 

 

Volver al trabajo, llevar una casa, querer una crianza consciente y respetuosa, sostener una pareja, no tener una red de apoyo, transitar mis propios cambios y hacerlo todo procurando no morir en el intento, hizo que un tsunami sacudiera mi vida. Y después de ese tsunami vinieron más cambios. Y no sé cómo, pero sobreviví.

Pero después ya no sabía dónde estaba yo, qué quería yo o hacia dónde caminaba. Había mirado tanto hacia afuera, que se me había olvidado mirar hacia dentro y ya no sabía quién era yo. 

 

Y entonces, me rompí. 

 

Y empecé el camino de mi propia búsqueda y en ese camino encontré personas maravillosas, que me ayudaron, me acompañaron, me enseñaron y me sostuvieron de muchas maneras. Me falta vida para agradecerles tanto…

Y desde ahí, fui recordando poco a poco, quién era yo. Qué quería yo. Qué me gustaba a mí. Cómo quería estar en esta vida, al margen de todas las facetas que la ocupaban: ¿quién era yo?

 

Hoy sigo transitando ese camino, sigo descubriendo quién soy y poco a poco, voy redescubriéndome, reconociéndome y reconectando conmigo. Hoy sigo mirando hacia afuera, pero no me olvido de mirar hacia dentro. 

 

Y esta metamorfosis, fue uno de los motivos que me impulsó a crear Alma de Mujer, porque sentía que otras mujeres caminaban lo mismo que yo y sabía que transitar este camino acompañada, lo hace mucho más llevadero. 

 

Este fue mi proceso, pero no tuvo por qué ser el tuyo y sin embargo sé que todas, en algún momento, nos hemos perdido por diferentes motivos. 

 

Cuéntame: ¿cuándo y por qué te has perdido tú?

 

Un abrazo, Marta. 

 

Leave a comment