Hay un momento en la vida en el que te descubres corriendo siempre. Corriendo para llegar, para cumplir, para que nadie note que estás agotada. Desde fuera parece que puedes con todo, pero dentro… hay un peso que casi nadie ve.
Ese peso invisible que se cuela entre los días y te hunde un poquito más cada vez.
El de no permitirte estar cansada.
El de sentir culpa por pedir ayuda.
El de demostrar que eres capaz siempre.
El de no parar nunca.
El de guardar las lágrimas para después.
A nosotras, desde niñas, nos enseñaron a cuidar: de la casa, de la familia, de los demás. Y cumplimos tan bien ese papel… que se nos olvida cuidar de nosotras mismas. Y es que tampoco nos enseñaron.
Y llega un día en el que todo eso pasa factura: en forma de agotamiento emocional, ansiedad, irritabilidad, depresión…
Una voz interna que susurra “no llego”, “no puedo más” y esa sensación de que estas a punto de romperte.
Y es que poder con todo no significa que debas. La fuerza también está en decir “hasta aquí”, en reconocer que tú también mereces espacio y descanso y en hacerlo sin culpa. En pedir ayuda, porque cuando compartes el peso, algo se aligera.
De ahí nace Alma de Mujer.
De sentir la necesidad de que exista un espacio al que poder acudir como a un refugio. Un lugar donde soltar, donde poder decir sin miedo ni culpa que no puedes más. Un espacio para compartir, sentirte escuchada y acompañada. Un lugar donde cuidarte.
Porque si yo no podía y tu tampoco, dime, ¿que hacemos perpetuando esta forma de vivir, esta exigencia silenciosa de poder con todo?
Y ahora te invito a pensar…
¿Que tal si empezamos a cambiar las cosas?
¿Y si le damos voz a lo que muchas estamos callando?
¿Y si al compartir nuestra vivencia, transformamos las de otras y también un poquito el mundo?
