Skip to content Skip to footer

Con 15 años, decapité una lechuga.
No literalmente. Bueno, sí, literalmente.
Estaba en la cocina y mi madre me dijo:
– “Hija, ¿te va a bajar la regla?”
La miré con cara de asesina y le dije:
– “¿Por qué?”
Y ella, muy tranquila, me respondió:
– “Porque estás decapitando la lechuga”
No entendí nada. Me fui enfadada.


Al día siguiente me bajó la regla.


Muchos años después, fue mi pareja quien, tras una discusión, me preguntó:
– “¿Te tiene que bajar la regla?”
Me enfadé. Claro que me enfadé.
¿Cómo se atrevía a reducir lo que yo
sentía a un tema hormonal?


Y al día siguiente, me bajó la regla.


Fue entonces cuando por fin fui
consciente de algo que debería haber
aprendido con 15 años: mi cuerpo se
rige por un ciclo que se repite cada mes. Y con él, todo cambia.
La energía, el estado de ánimo, la paciencia, las ganas de socializar o de
esconderte del mundo, la sensibilidad, el hambre, el sueño. Todo cambia. Y todo tiene una razón.
Con el embarazo, las hormonas se disparan de una forma que ya no es posible ignorar. Los niveles de progesterona y estrógenos se multiplican exponencialmente durante el primer trimestre, lo que explica el agotamiento brutal, los cambios de humor extremos y esa sensación de no reconocerse.
Ahora, con 46 años y empezando la perimenopausia, el ciclo vuelve a cambiar. Los niveles de estrógenos empiezan a fluctuar de forma impredecible, lo que puede provocar desde sofocos y alteraciones del sueño hasta cambios de humor que muchas mujeres no saben identificar como hormonales.
Y yo me pregunto por qué no se habla sobre algo que nos afecta cada mes, durante décadas de nuestra vida. Por qué lo normalizamos como algo que simplemente pasa, sin entender qué hay detrás ni cómo acompañarlo.
Conocer tu ciclo no cambia las hormonas. Pero cambia completamente la relación que tienes con lo que sientes.
Afortunadamente, esto está cambiando. Hay cada vez más información, más mujeres hablando de su ciclo sin vergüenza, más espacios donde esto se nombra con normalidad.
Para algunas llega tarde. Pero espero que para otras llegue a tiempo de evitar que tarden 30 años en entender su propio cuerpo.

Leave a comment